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     Por Jane Morales

¡Mis hijos me tienen nerviosa, estresada y ya no se que hacer con ellos!” Qué frase tan común y la escuchamos a diario entre amigas, en el colegio y hasta de nuestra propia voz.

Si es importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación con nuestros hijos y los mensajes que les transmitimos a diario. La comunicación está guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y comprendemos. Cuando existe la comunicación en una familia, seguramente se puede afirmar que existe un compañerismo, una complicidad, y un ambiente de unión y afecto en la casa.

Cuando vivimos en conciencia plena nos damos cuenta de la importancia de la comunicación y también nos percatamos de los mensajes que enviamos a nuestros hijos. Lo que decimos y cómo actuamos afecta al crecimiento emocional de nuestros hijos.

"La palabra "subliminal" viene del latín sub, 'por debajo de', y limen, 'umbral'. Hace referencia a aquellos estímulos que no alcanzan la intensidad necesaria para ser percibidos o diferenciados de forma consciente, pero que pueden producir respuestas semejantes a las de un estímulo directo, y cuya intensidad sea superior al umbral".

Nuestra mente consta de "el consciente" y de "el subconsciente". El consciente maneja la lógica y el lenguaje, y cuando capta algún estímulo el individuo puede aceptarlo o rechazarlo. El inconsciente recibe información que más tarde utiliza sin necesidad de "pensar". Al aprender algo estamos realizando un acto consciente, pero más tarde se vuelve inconciente. Un ejemplo para aclararlo, es el acto de conducir, una vez aprendes no tienes que recordar cada paso para llevarlo a cabo.

Los mensajes subliminales se encuentran ocultos en imágenes, olores, sonidos... Nuestra mente los detecta, analiza y almacena inconcientemente, de forma que nuestros sentidos nos evocan lo que sea que el mensaje quiera transmitir. Aquí actúa la parte inconsciente de la mente.

Constantemente estamos enviando mensajes subliminales a nuestros hijos cuando hablamos con ellos o en la manera que los tratamos. Todos estos mensajes llegan de manera directa o indirectamente. Mientras más al tanto estamos de cómo nuestras palabras y acciones hacia ellos le marcan la vida, mejores padres seremos y así cambiaremos los hábitos que pueden afectarlos. Trabajando en ello podemos criar niños más sanos.

¿Qué mensajes transmitimos a nuestros hijos con los regalos que les damos? Ese cumpleaños especial y esos regalos en días de fiesta son algo esperado. Sin embargo los regalos verdaderos son los que damos a diario. Esos son los que emiten un mensaje crucial.

Con frecuencia por frustración otorgamos un título a nuestros hijos que los puede afectar por el resto de sus vidas. El gran genio Albert Einstein dijo, Dar el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera" Por lo tanto, los modelos más influyentes de nuestros hijos, somos nosotros mismos: sus padres y madres.

No importa que admiren a los protagonistas de sus videos, cantantes de sus I-Pod o quieran ser como los héroes de su deporte favorito. Cuando somos buen ejemplo para ellos, con total seguridad le estaremos transmitiendo valores que les permitirán realizarse en su vida.

Todos nos expresamos con el mapa de valores que "vivimos" desde la infancia. Y es el ejemplo que los padres dan a sus hijos, lo que "copiarán" en su comportamiento.

Estos comportamientos emiten mensajes distorsionados, porque "una cosa es lo que digo y otra la que hago". Ser congruente es pensar, decir y actuar en la misma dirección. La falta de congruencia confunde a niños y adolescentes, y contribuyen a que adopten creencias equivocadas e inconcientes, De esta manera "deductiva", nuestros niños van elaborando su propia red de creencias, valores y principios, las cuales son obtenidas de la experiencia familiar de cada día y también serán las que guíen su vida y sus acciones.

Tenemos que vivir el día a día con una conciencia plena de nuestras acciones, nuestros pensamiento y nuestras palabras. Muchas veces cuando vivimos en automático no estamos alerta de nuestras acciones y es entonces cuando enviamos estos mensajes subliminales a nuestros hijos.

Cuando ejercitamos nuestra mente y practicamos a diario para vivir desde nuestra esencia pura, vivimos en el presente y pensamos antes de actuar y reaccionar, entonces podemos transmitir a nuestros hijos los mensajes con conciencia clara. De esa forma no sólo nos beneficiamos como padres sino también enseñamos los valores que queremos a nuestros hijos y creamos armonía en el hogar.

Pequeños consejos para mejorar las relaciones entre padres e hijos:

  • Al dar una información, busca que siempre sea de forma positiva.
  • Obedecer a la regla de que "todo lo que se dice, se cumple".
  • Comprender o ponernos en el lugar del otro.
  • Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
  • Escuchar con atención e interés.
  • Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
  • Expresar y compartir sentimientos.
  • Ser claros a la hora de pedir algo.
  • Controlar las reacciones y pensar antes de hablar.
  • ¡Ser concientes de nuestras acciones en nuestro hogar y frente a nuestros hijos!

Es recomendable que todas las noches antes de irnos a dormir hagamos un recuento de nuestras acciones del día. Recordar todo lo que nos orgullece y todo eso que debemos mejorar. Al levantarnos debemos dar gracias por un nuevo día y vivir con buena voluntad. Estos son los primero pasos para a vivir desde nuestra conciencia plena.

BS, MS, NL
Practioner &
Certified Professional Life Coach

 
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