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  Con un corazón dispuesto a los niños y los demás…
 
 

Esta historia comenzó en el año 1981. Chicos que querían ayudar, y unos pocos doctores dispuestos a entregar su tiempo. Entre ellos, la doctora Sarah Legorburu una pediatra profesional que decidió auxiliar a los más pobres y enseñarnos con su ejemplo… aquí su historia y sus consejos de mamá…

El sacerdote Eddy Alvarez y un grupo de estudiantes de la escuela Belén decidieron viajar a República Dominicana a misionar. La idea de la misión era que los campesinos de la zona podían enseñar a los estudiantes sobre su sabiduría y humildad, mientras que los estudiantes que participaran iban a poder proveerles con varias manos de ayuda para construir sus casas. Pero eso no es todo, con las primeras misiones también se llevó a un grupo de médicos voluntarios, entre ellos a la doctora Sarah y su esposo el doctor Selem, que participaron asistiendo médicamente a los lugareños de la zona. A través de los años, esta obra fue expandiéndose llena de espíritus jóvenes y algunos médicos que visitan cada año lugares y pueblos remotos de Centro América de mucha pobreza. Así se ha podido colaborar en la construcción de escuelas, puentes y casas y también llevar medicinas y asistencia para mucha gente. "La pobreza que se ve en estos lugares es extrema, se asiste a familias enteras", explica la doctora Sarah, como la llaman. "Atendíamos todo tipo de casos, a veces llegaban madres sólo en busca de medicina. A veces llegábamos y había más de 100 personas esperando para ser atendidas; personas que viajaban con sus hijos a cuestas por el medio de la montaña, por paisajes agrestes no fáciles de transitar, sin zapatos, y sin nada…actualmente cada vez que vamos se asiste a más de 1.000 personas por día. Lo increíble es que nos volvemos más llenos nosotros que ellos. Una va a dar pensando que va estar haciendo algo por los otros, pero en estos lugares una recibe más de lo que da." nos cuenta.

¿Qué enseñanzas te dejaron como persona estas misiones
en Rep. Dominicana?

La necesidad es grande y ha ido creciendo día a día. El contraste de lo que es la vida es asombroso. Pero ayudar a los demás nos llena de paz. El poder prestarse a los pobres y necesitados es un valor fundamental para enseñar a nuestros hijos. Nos motiva a crecer espiritualmente, superar obstáculos, a salir de lo que uno vive a diario para encontrarse frente a otras realidades. En los pobres uno ve grandes valores humanos. Son ricos en bondad. Compañeros entre ellos… tan respetuosos entre sí y tan dispuestos a recibir una mano de ayuda…una experiencia inolvidable porque uno vuelve mucho más completa de lo que se fue. Para nosotros, que vivimos en una sociedad tan materialista, es un aprendizaje enorme ver estas comunidades tan dispuestas a ser felices con lo poco que tienen.

¿Crees que es éste un valor importante para enseñar a los hijos?
Como padres y como pediatra pienso que tenemos la obligación y el compromiso de no sólo exponer a los hijos a la pobreza para hacerles tomar conciencia de otras realidades, pero también debemos hacerlos partícipes activos de esta realidad del mundo de hoy. Mis hijos siempre me han acompañado a misionar, porque se enseña mucho con el ejemplo…

¿Qué otro valor crees que podamos otorgar como padres, teniendo en cuenta el contraste de lo que viven nuestros hijos hoy y la pobreza?
El contraste es la vida misma. En estos lugares, uno se replantea todo, pero lo que te sostiene es la fe. El ser humano necesita algo en qué creer. Por ejemplo, la vida de cada niño ya de por sí es un milagro de fe. Con cada niño que nace obtenemos un milagro más. Pensamos en este acto como algo de cada día, sin embargo el sólo hecho que suceda es una razón para creer. Creo que la sociedad se ha materializado y estos son los valores que podemos transmitir nosotros como padres, profesionales y seres humanos y la espiritualidad que les enseñemos será la que va a mantener una familia bien unida. Cuanto más se comparta en familia, mejor, mientras se coma con los niños a la noche, o se busquen momentos para estar con ellos, creo que es muy importante.

Dejando la misión en Rep. Dominicana y volviendo al día a día de tu profesión ¿Fue difícil afrontar los extremos de la vida al tratar constantemente a niños enfermos?
Dificilísimo. En estas situaciones, lo único que me queda es transmitirles a los padres fe y esperanza. Y la vida todavía y a pesar de, tiene otros momentos bellos de vivirse…El cuerpo puede ser fuerte físicamente, pero si no tienes esa parte espiritual y emocional que te sostiene en momentos de dificultad, todo es más complicado. Asimismo somos nosotros los que debemos proveer la estabilidad a los niños, y para eso la espiritualidad auxilia mucho.

Tus hijos hoy ya son casi adultos pero, ¿Cuán difícil fue conciliar la maternidad y el trabajo como médica pediatra? ¿Cómo manejas los tiempos de la profesión y el de ser mamá?
Una madre no se retira nunca. La profesión de madre es para toda la vida. Por eso, sin importar qué; para mí la primera prioridad siempre fue y va a ser mi familia. Las madres profesionales no tienen veinticuatro horas al día para hacer todo lo que tienen que hacer, pero saber que tus hijos están bien cuidados mientras no estás, da mucha tranquilidad. Y con el tiempo hay que aprender que tú escoges las prioridades y sacrificas otras cosas que después de todo, no son tan importantes.

¿Qué le puedes aconsejar a una mamá que trabaja tiempo completo?
Los niños crecen mejor mientras más personas tienen alrededor que les proveen cariño… si tenemos alguien en casa que cuida bien de nuestros hijos, no debemos ponernos celosas como mamás, sino al contrario… estar bien agradecidas de todo ese amor grande que ellos están recibiendo.

¿Qué te ayudó a ti en la formación de tus hijos?
Dos cosas me ayudaron mucho a mí con mi profesión y la familia: organización y disciplina. Primero, saber que con las diferentes actividades que realizamos los padres siempre vamos a sacrificar muchísimo tiempo personal para dedicárselo a la familia. Por eso, hay que dejarles saber lo mucho que se les quiere a los hijos y todo lo que representan para nosotros. De esta forma se crean las raíces de la familia: el amor que oyen, sienten y reciben les da seguridad y autoestima. Los hace que se sientan personas. Hombres y mujeres independientes, pero con sentimientos y emociones. Asimismo, hay que enseñar mucho con el ejemplo sobre los valores humanos, todo lo que hacemos como mamás ellos lo asimilan. La disciplina, el respeto, la bondad que esparcimos a los seres que viven a nuestro alrededor son los valores humanos que ellos van a aprender. Y si tienen todo ese amor y buen ejemplo, debemos confiar en que va se va recrear lo mejor de ellos a donde vayan.

Educar hoy, ¿crees que a las mámas nos cuesta más?
Cabe destacar que a medida que uno va madurando, tu amor como mamá va aumentando día a día. Y uno va aprendiendo …así como los hijos nos enseñan a ser más comprensivos, a tener más paciencia, a apreciar más a nuestros padres y a ser más tolerantes con el resto de las personas… nosotros también como padres vamos acrecentando nuestro amor hacia los demás y adaptándonos a la sociedad en que nos toca vivir… y esta experiencia hace que uno aprecie más cada momento que se vive dentro de una familia. Creo que la mujer tiene muchos más desafíos, pero el respeto, la autoridad, el perdón…y la comprensión son valores que no han cambiado, son valores inalienables.

La doctora ¨Sarah¨, como así la llaman, tiene una pasión que contagia. En su consultorio sólo se percibe alegría, y se reafirma el compromiso y la dedicación que ella ha destinado a su profesión y a su amor por los niños.


Quién es la Doctora Sarah…


La Doctora Sarah Legorburu, pediatra, madre y profesora honoraria del Miami Children´s Hospital, comenzó su entrenamiento en pediatría junto al honorable Dr. Quillian, uno de los primeros pediatras en la Florida; en el año 1984 comenzó sus prácticas médicas en "Physians to Children", oficina que ocupa actualmente junto con el Dr.Phil Newcomm. En sus 25 años de experiencia como médica, la doctora Sarah es Miembro Certificada de Pediatría y miembro honoraria de la Academia Americana de Pediatría. En 1990 recibió el premio de "Apreciación y contribución para la enseñanza” y en 2002 fue condecorada con su segundo premio "Anual de Excelencia de enseñanza y práctica médica”. Madre de tres hijos, dedica su vida entera al servicio de los niños. Un ejemplo de vida para ser compartido por muchos…

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