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Queridos lectores,
Pensando y tratando de organizar mis ideas para decidir cuál iba ser mi editorial para la edición del verano, sin poder concentrarme, trataba de poner juntos todos mis conceptos. Un sinfín de preocupaciones me llegaba a la mente pero sin ninguna idea clara sobre qué quería compartir. Había tenido una semana tranquila y sin muchos cambios fuera de mi vida cotidiana, acababa de llegar de unas vacaciones con mi familia y, a pesar de ello, sentía una revolución interna muy grande que no me dejaba expresarme. |
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Mayo es el mes de la mujer y llega el Día de la Madre… ¿podría escribir sobre esto? me cuestionaba, pero aún asi no podía comenzar. Hasta que lo ví… me sentía agobiada internamente. Momentos después, hasta casi riéndome me pregunté: ¿de qué exactamente me siento cansada? ¡Estaba abrumada de todo…! Pero, ¿tenía derecho a sentirme así, si acababa de volver de las vacaciones? La razón es que la tarea de las madres es siempre cansadora, no importa cómo ni de qué manera, es además interminable… aún saliendo de vacaciones y de pensar que descansamos, muchas veces nos sentimos abatidas internamente con lo que vivimos a diario. Con o sin derecho, es lo que experimentamos.
Nos sentimos cansadas de la rutina de los chicos y de las tareas diarias. Cansadas de pelear con el pintor, el electricista o el del servicio del celular porque la cuenta llegó muy tarde. Cansadas de la casa y de todos los artefactos que deciden romperse al mismo tiempo, como si fuera una confabulación pensada en nuestra contra. Sí, también cansadas de todo lo que vamos haciendo durante el día: el equilibrio, el trabajo, la rutina, las tareas de los chicos y las infaltables actividades escolares pensadas idealmente para la participación súper activa de los padres.
¡Sí, eso es! Nos pasamos el año entero al servicio de los demás… alienadas por las circunstancias que, a veces, superan nuestro poder como mujeres. Somos madres, profesionales, administradoras del hogar y esposas. Soñamos con la casa limpia y el pelo perfecto, y que no se nos rompan las uñas esculpidas, mientras tanto corremos atrás de las actividades, los chicos, los maridos y las compras, todos los días. Necesitamos tener todo bajo control porque ésa es nuestra naturaleza de mujer.
Y sí, comienza el verano, y creo que no debo ser la única mamá agotada… Vivir esa estación a nuestro favor puede ser la clave perfecta y una oportunidad única para liberar un poco tanta necesidad de control. Podemos animarnos a disfrutar y quizás también podamos aprender a dejarnos cuidar y descansar el cuerpo, pero sobre todas las cosas, desahogar la mente. El mar es sinónimo de relax, buen humor y vacaciones. ¡Aprovechémoslo! En esta edición una reflexión sobre cómo no ser una mamá perfecta y con ello una variada selección de ideas para disfrutar esta temporada veraniega con los chicos.
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